Mis pensamientos comenzaron a enfrascarse sombríamente dentro del concepto de "...de que si la muerte no es en realidad el ultimo medicamento", subieron, inmediatamente despues de Ciro y James, que habían subido en la entrega anterior, tres anomalías reproductivas lookeadas a lo "pibe chorro", se hablaban entre ellos con un perturbador tono de voz, ofensivo y desafiante, para ellos y para todo aquel que estuviera condenado a escucharlos.
Frases como:
" te voy a meter caño...", "no se que de la pasta...", "...te cabe" y no se que mas.
Me empezó a doler el hipotálamo. Ay...! Como me dolía el cerebro, estando atrapado en esta decadente sucesión de expresiones precolombinas.
No obstante, percibí una inusual calma en Ciro y James. No se miraban. Pero sus narices estaban alineadas en un eje imaginario. Por bizarro que parezca, incluso a riesgo de que el trazar esta comparación roce con lo erótico. Esa fraternal conexión que tienen dos asesinos, parecía condicionada, por una serie de códigos solo permitidos al ojo avizor.
El escándalo de los pibes chorros duro poco. Subió al colectivo, un Representante de la Ley.
El tono, y la naturaleza de los comentarios de estos chicos multicolores mutaron automáticamente. Muy educados, comenzaron a comportarse. Si hasta hablaban como si fueran dos estudiantes de Derecho de la Universidad del Salvador.
El hecho de percatarme de esto me recordó cierto discurso sobre el catalizador de las obscenidades en el que lo que se plantea es la trasgresión del lenguaje, tomando este ultimo como un mecanismo de control social.
El policía se bajó, inmediatamente despues de mirarme, de mirar a los pibes chorros, y de mirar a Ciro y a James, no sin antes intercambiar una mueca sarcástica con el conductor.
Lo que resulta innegable e inocultable de toda esta secuencia es que, Ciro, James y yo, al menos, nos habíamos percatado del súbito y repentino cambio en el comportamiento de los gritones del conurbano cuando subió el Representante de la Ley.
La o las presas ya habían sido seleccionadas. No sin un verdadero "leit motiv", y a decir verdad, eran excelentes especimenes, frutos verdaderos de una naturaleza desvirtuada. De la pérdida del sentido.
Bajaron.
Junto a ellos bajaron Ciro y James.
Desde arriba, alcancé a ver como empezaba. Una mirada socarrona de uno de los cabezas, probablemente el que en la jerarquía del grupo ocupaba un rol menor, el bufón de la corona, el que tenía que probar algo.
Me bajé en la siguiente esquina, donde desde la seguridad de la distancia, me garantizaba un palco de privilegio para observar, y en cierta forma participar de este sacrificio. Que sus hijos, por medio del ritual de la autodestrucción, realizaban a la naturaleza, esa naturaleza desvirtuada.
Recuerdo, no tanto los hechos, pero si las vividas expresiones de sus rostros. El gesto de sorpresa que no pudo evitar el que parecía ser "el alfita" del grupo, cuando James, disimulado en el mango de su paleta de ping pong extrajo un puñal, cromado, con vetas, y hasta un lascivo diseño de estilo "art noveau". Certero fue el puntazo que le aplico a "alfita". El cretino hijo de nadie. Se desplomó automáticamente. Sus rodillas se doblaron. Sus manos intuitivamente se colocaron en el pecho, intentando detener la hemorragia, esa hemorragia que lo sentenciaba. Desde lejos cualquiera hubiera pensado que este pibe rezaba, y en una sociedad contradictoriamente cristianizada como la nuestra. No me hubiera sorprendido. "La muerte es el ultimo medicamento..." recordé.
Los otros dos quedaron estupefactos. Ciro y James, absortos en su rutina, permanecían imperturbables, al pánico de sus victimas. Sus expresiones no delataban la menor sorpresa. Sabían muy bien, como terminaría esta historia. La sabían de principio a fin.
- Por favor...no me hagan nada.- Dijo, con la dosis de cinismo que lo caracterizaba a Ciro.
Inmediatamente despues de esto, giro alrededor del vulgar secuaz. Y con la precisión de un cirujano, un golpe seco le aplicó justo entre la segunda y tercer vértebra, justo debajo de la cabeza. El chico se desplomó. Sus piernas temblaban como si estuviera en shock. La piel de su rostro, genéticamente marrón, se tornaba azul.
Me distraje por un ruido en la puerta de una casa. Intente enfocarme nuevamente, probablemente me perdí lo que paso con el tercero, el inocente, el que había empezado todo con una mirada socarrona.
Se acercó gateando hacia mí.
-Por favor, ayúdeme.- Dijo.
Tenía el pico de una botella de vidrio, introducido en el ano, probablemente hasta la altura de su nervio hemorroidal, inferior. La sangre que fluía como un río de lava, por el sulfuroso volcán de su...culo, serviría como un indicador de la gravedad de la herida.
"...tengo poder sobre tu vida", pensé.
-...y no veo porque utilizar ese poder.- le susurré, para su mayor confusión.
Mientras lo abandonaba por la oscura vereda del zoológico, interrogándome acerca de que derecho tenía yo de involucrarme en el destino de otro, escuchaba a mis espaldas la llegada de estos kerberos urbanos, sedientos de sangre, hambrientos de carne, ávidos por el espanto ajeno. Sin culpas, sin penas, sin artificiales construcciones morales. Los desgarradores alaridos de sus victimas interrumpían la silenciosa melodía de la noche de Barrio Parque.
domingo, 25 de octubre de 2009
miércoles, 21 de octubre de 2009
Asociación Ilicita II
Era una noche lluviosa.
-Era una noche lluviosa.- pensé.
-Bueno, los mejores cuentos empiezan con "era una noche lluviosa".- mi monologo se hacía parte de mis pensamientos, inspirado por esos ardides y neologismos que solo nuestro fuero interno nos permite.
Así que rumbié para el lado de Barrio Parque. Fui caminando hasta Mitré a tomarme, el 10. El perro que mi vecino tiene suelto en la puerta de calle en su casita de material, como tantas otras veces me acompañó, lamiendo la misantropía de mis huellas, y jugando alrededor mío, como yo, sin hacerse mucha historia por las gotas de lluvia que caían sobre nos. "Raindrops falling on my head" melódicamente hubiera acompañado la ocasión. Esto resultaría anecdótico puesto que en viaje, más o menos cuando el 10, estaba por doblar en Salguero. Subieron Ciro y James, pese que yo los había visto en una treintena de oportunidades, ellos un poco por mi tendencia a pasar desapercibido, y otro poco por sus desaprensivas tendencias, no se percataron de mi ubicación, al fondo y cerca del timbre, testigo silencioso de sus travesuras y aberraciones.
-Lo único que falta es que elijan una víctima.- Murmuré tranquilo, sabiendo que conmigo seguro se llevaban una sorpresa, yo los conocía, ellos a mí (teóricamente) no.
-Algo esta por pasar, los mejores cuentos empiezan con "era una noche lluviosa".-Pensé y repensé.
-Era una noche lluviosa.- pensé.
-Bueno, los mejores cuentos empiezan con "era una noche lluviosa".- mi monologo se hacía parte de mis pensamientos, inspirado por esos ardides y neologismos que solo nuestro fuero interno nos permite.
Así que rumbié para el lado de Barrio Parque. Fui caminando hasta Mitré a tomarme, el 10. El perro que mi vecino tiene suelto en la puerta de calle en su casita de material, como tantas otras veces me acompañó, lamiendo la misantropía de mis huellas, y jugando alrededor mío, como yo, sin hacerse mucha historia por las gotas de lluvia que caían sobre nos. "Raindrops falling on my head" melódicamente hubiera acompañado la ocasión. Esto resultaría anecdótico puesto que en viaje, más o menos cuando el 10, estaba por doblar en Salguero. Subieron Ciro y James, pese que yo los había visto en una treintena de oportunidades, ellos un poco por mi tendencia a pasar desapercibido, y otro poco por sus desaprensivas tendencias, no se percataron de mi ubicación, al fondo y cerca del timbre, testigo silencioso de sus travesuras y aberraciones.
-Lo único que falta es que elijan una víctima.- Murmuré tranquilo, sabiendo que conmigo seguro se llevaban una sorpresa, yo los conocía, ellos a mí (teóricamente) no.
-Algo esta por pasar, los mejores cuentos empiezan con "era una noche lluviosa".-Pensé y repensé.
martes, 20 de octubre de 2009
Asociación Ilicita I
Asociación Ilicita...una historia de amigos...así como la pelicula Stand By Me- I (es "i").
-Son dos pibes medio raros esos dos...- Dijo una de las viejas del barrio.
-Déjalos, son jugadores de ping pong...es la nueva tribu urbana...siempre andan de a dos, eso los caracteriza- Dijo la otra con esos aires de "viejita cool" que siempre esta atenta a las nuevas tendencias, como un mecanismo para pretender un acercamiento con sus nietos, ahora que su hijo "el abogado", se había divorciado.
-Ah bueno...- Dijo la otra, apabullada.
La conversación la escuche, "al pasar", y no pude evitar cagarme de risa, pero lo que si es cierto es que, por un lado Ciro y James, eran dos pibes medio raros, después, la verdad sobrevendría con esos argumentos que solo los hechos gustan de poner de manifiesto. Lo otro que también era cierto es que eran jugadores de ping-pong, la nueva y misteriosa secta urbana que poco a poco, mesa a mesa, empezaba a instalarse en la ciudad, como la nueva tendencia, la nueva ola, la nueva gran cosa, la ultima sensación de las selectas juventudes que poblaban Barrio Parque. Pero la puta, que pasara algo en Barrio Parque no era poco, y a mi me gustaba verlo.
Hacía ya algún tiempo que me había empezado a gustar ir a caminar por Castex y por atrás de la Embajada, un poco porque como mi cripta está en Avellaneda y ahí no hay callecitas lindas y arboladas para patear. Y otro poco porque, bueno porque soñar es gratis, y patear por ahí era una de esas picardías, las picardías en las que soñás despierto. Y todo te chupa un huevo.
El otro era el Infractor Habitual, a ese lo tenía visto, me parecía "entre soso e hijo de puta", así que mucho no lo trate, era esa clase de tipos que uno no necesita conocerlo para saber que es un forro.
Siempre caminando solo y seguro de si mismo, como esos que parecen empujados por sus propias putadas a hacer lo que se les canta. Un hijo de puta.
Como se conocieron el Infractor Habitual, los jugadores de ping-pong Ciro y James, es una de esas incógnitas que nunca quedan del todo claras, como se conocieron pareciera una ecuación de doble incógnita en realidad, eso si recorriéramos la particular forma de modificar o contrarrestar la realidad que estos tres inadaptados descubrieron con el estilo frío, preciso y disonante que el lenguaje de la matemática así, sin muchas inconsistencias ni mariconadas de clase media, nos provee.
Ah!! Como olvidarlos, también estaban los tíos cebados, tipos laburadores, pero cebados, habían pegado un laburo en el camión del turco Julio, le levantaban los huesos y pedazos de grasa a todas las carnicerías que podían, y y y y y...que el turco Julio vendía trozada de una manera artesanal a una fabrica de jabón. Helo, Julio manejaba un camión cebero. Habrás notado, puto lector, que mencioné que "vendía trozada de una manera artesanal", "ar-te-sa-nal", estos salvajes violados (el turco Julio se los había violado uno por uno estando en pedo, también los violaba con el sueldo, los tenia en negro, pero eso no se notaba) iban en la parte de atrás despedazando a martillazos, hachazos y golpes contra los vértices del camión, pedazos de desafortunadas reces que tuvieron la puta suerte de nacer en Argentina, país carnívoro y adicto a la parrillada. Eran artesanos del descuartizamiento los muy jodidos.
-Son dos pibes medio raros esos dos...- Dijo una de las viejas del barrio.
-Déjalos, son jugadores de ping pong...es la nueva tribu urbana...siempre andan de a dos, eso los caracteriza- Dijo la otra con esos aires de "viejita cool" que siempre esta atenta a las nuevas tendencias, como un mecanismo para pretender un acercamiento con sus nietos, ahora que su hijo "el abogado", se había divorciado.
-Ah bueno...- Dijo la otra, apabullada.
La conversación la escuche, "al pasar", y no pude evitar cagarme de risa, pero lo que si es cierto es que, por un lado Ciro y James, eran dos pibes medio raros, después, la verdad sobrevendría con esos argumentos que solo los hechos gustan de poner de manifiesto. Lo otro que también era cierto es que eran jugadores de ping-pong, la nueva y misteriosa secta urbana que poco a poco, mesa a mesa, empezaba a instalarse en la ciudad, como la nueva tendencia, la nueva ola, la nueva gran cosa, la ultima sensación de las selectas juventudes que poblaban Barrio Parque. Pero la puta, que pasara algo en Barrio Parque no era poco, y a mi me gustaba verlo.
Hacía ya algún tiempo que me había empezado a gustar ir a caminar por Castex y por atrás de la Embajada, un poco porque como mi cripta está en Avellaneda y ahí no hay callecitas lindas y arboladas para patear. Y otro poco porque, bueno porque soñar es gratis, y patear por ahí era una de esas picardías, las picardías en las que soñás despierto. Y todo te chupa un huevo.
El otro era el Infractor Habitual, a ese lo tenía visto, me parecía "entre soso e hijo de puta", así que mucho no lo trate, era esa clase de tipos que uno no necesita conocerlo para saber que es un forro.
Siempre caminando solo y seguro de si mismo, como esos que parecen empujados por sus propias putadas a hacer lo que se les canta. Un hijo de puta.
Como se conocieron el Infractor Habitual, los jugadores de ping-pong Ciro y James, es una de esas incógnitas que nunca quedan del todo claras, como se conocieron pareciera una ecuación de doble incógnita en realidad, eso si recorriéramos la particular forma de modificar o contrarrestar la realidad que estos tres inadaptados descubrieron con el estilo frío, preciso y disonante que el lenguaje de la matemática así, sin muchas inconsistencias ni mariconadas de clase media, nos provee.
Ah!! Como olvidarlos, también estaban los tíos cebados, tipos laburadores, pero cebados, habían pegado un laburo en el camión del turco Julio, le levantaban los huesos y pedazos de grasa a todas las carnicerías que podían, y y y y y...que el turco Julio vendía trozada de una manera artesanal a una fabrica de jabón. Helo, Julio manejaba un camión cebero. Habrás notado, puto lector, que mencioné que "vendía trozada de una manera artesanal", "ar-te-sa-nal", estos salvajes violados (el turco Julio se los había violado uno por uno estando en pedo, también los violaba con el sueldo, los tenia en negro, pero eso no se notaba) iban en la parte de atrás despedazando a martillazos, hachazos y golpes contra los vértices del camión, pedazos de desafortunadas reces que tuvieron la puta suerte de nacer en Argentina, país carnívoro y adicto a la parrillada. Eran artesanos del descuartizamiento los muy jodidos.
sábado, 26 de septiembre de 2009
Flesh...
De la amalgama de visceralidades bovinas que se habían papeado los cinco pelotudos en Siga la Vaca, se conjugaron planteos existenciales que por ahí circulaban, bastante impertérritos, irónicamente, incluso anacrónicos; con el tema de la carne venían ese día, con esto, con lo otro. Alcance a escuchar algo sobre la conformación de la prohibición del consumo de carne porcina en la ortodoxia judía, uno de los pelotudos decía que todo se remontaba a los tiempos donde las tribus presemiticas veneraban al cerdo como ídolo protector y proveedor, tras lo cual y ante la aparición de los hebreos en los mismos territorios, estos, muy hábilmente y vilmente tergiversaron toda esa creencia forzando una suerte de inversión de valores, convirtiendo a este animalito mágico en una personificación demoníaca. Al final Porky quedó reducido al rol de una mera alcancía donde contener ahorros.
Los otros cuatros pelotudos los escuchaban atentos, no se si porque realmente comprendían de lo que hablaba el primero, si porque no eran mas que cinco pelotudos egocéntricos esperando su turno para tomar la palabra o si porque les parecía remotamente interesante. La cosa es que el siguiente pelotudo empezó a hablar y un poco para salvar esa amena reunión de amigos de uno de esos que de insoportables se vuelven sublimes momentos de silencio y de reflexión, y otro poco porque el tema de la carne parece que era “El Tema” de la noche; y empezó a hablar ahora de la India y de la sacritud de las vacas. El, con la vehemencia del que sabe pero no comprende, se preguntaba textual, literal y lapidariamente, "como puede ser que en un lugar (ni siquiera decía país) donde la gente se muere de hambre, las vacas sean sagradas...? no sé, es contradictorio" (el tono cuasi-aristocrático de los forritos nacidos y criados en Belgrano, le resultaba inocultable). Los otros pelotas tristes, se animaron a darle una replica de corte macroeconómico, en la que su argumento giraba en torno a que eventualmente en la India debe de haber habido un período en el que la población creció tan exponencialmente (probablemente este pelotudo algo de razón tenía, después de todo no podemos esperar que de la practica del Tantra no haya consecuencias), de manera tal que los hábitos alimenticios hubieran tomado un carácter esencialmente agrícola, lo que en términos concretos forzaría las cosas al punto que las vacas serían mas útiles como animales de carga o proveyendo leche (leche “no tantrica” induzco). Yo me moría por meterme en la conversación y acotar que de hecho hubo un periodo en la cultura india en el que se consumía carne de vaca, durante el reinado de los vedas, pero eso me hubiera forzado a ser parte de esa claque de pelotudos, la cual es "no bueno”.
Como víctima de una fuerza de alguna manera magnética, poco a poco me metía en el discurso de estos susodichos pelotudos.
Parecía que todo el debate tendría como punto de equilibrio, esos “cuando”, donde la naturaleza humana pareciera no olvidar, ni perdonarse pulsiones tan primitivas, como lo es asegurarse el alimento, la generación de biomasa, que se yo. Y como, condicionado por el grupo, se construyen estructuras artificiales como los mitos, los tabúes, las creencias. En fin, lo cierto es que palabras como Ramadán, ayuno y cuaresma, empezaron a sonar desde mi mente, hasta un punto en que las percibía como un solo sonido, casi un ruido.
Inevitable fue que el cuestionamiento de la antropofagia apareciera con la magia que el intercambio de ideas, aún entre pelotudos, permite.
Se planteaba la posibilidad que todo este “big deal” que se fomenta alrededor de esto de “comer o no comer carne humana”, es o sería en definitiva, la manifestación catartica que provoca la transgresión de un tabú, en una socidead institucionalizada “a la cristiana”. Yo, “para mis adentros”, pensaba “ a mi no me molestaría comer carne humana, a la plancha, al horno, al asador, y preferentemente en platos de madera, mientras no me sirvan un…pito”.
Los otros cuatros pelotudos los escuchaban atentos, no se si porque realmente comprendían de lo que hablaba el primero, si porque no eran mas que cinco pelotudos egocéntricos esperando su turno para tomar la palabra o si porque les parecía remotamente interesante. La cosa es que el siguiente pelotudo empezó a hablar y un poco para salvar esa amena reunión de amigos de uno de esos que de insoportables se vuelven sublimes momentos de silencio y de reflexión, y otro poco porque el tema de la carne parece que era “El Tema” de la noche; y empezó a hablar ahora de la India y de la sacritud de las vacas. El, con la vehemencia del que sabe pero no comprende, se preguntaba textual, literal y lapidariamente, "como puede ser que en un lugar (ni siquiera decía país) donde la gente se muere de hambre, las vacas sean sagradas...? no sé, es contradictorio" (el tono cuasi-aristocrático de los forritos nacidos y criados en Belgrano, le resultaba inocultable). Los otros pelotas tristes, se animaron a darle una replica de corte macroeconómico, en la que su argumento giraba en torno a que eventualmente en la India debe de haber habido un período en el que la población creció tan exponencialmente (probablemente este pelotudo algo de razón tenía, después de todo no podemos esperar que de la practica del Tantra no haya consecuencias), de manera tal que los hábitos alimenticios hubieran tomado un carácter esencialmente agrícola, lo que en términos concretos forzaría las cosas al punto que las vacas serían mas útiles como animales de carga o proveyendo leche (leche “no tantrica” induzco). Yo me moría por meterme en la conversación y acotar que de hecho hubo un periodo en la cultura india en el que se consumía carne de vaca, durante el reinado de los vedas, pero eso me hubiera forzado a ser parte de esa claque de pelotudos, la cual es "no bueno”.
Como víctima de una fuerza de alguna manera magnética, poco a poco me metía en el discurso de estos susodichos pelotudos.
Parecía que todo el debate tendría como punto de equilibrio, esos “cuando”, donde la naturaleza humana pareciera no olvidar, ni perdonarse pulsiones tan primitivas, como lo es asegurarse el alimento, la generación de biomasa, que se yo. Y como, condicionado por el grupo, se construyen estructuras artificiales como los mitos, los tabúes, las creencias. En fin, lo cierto es que palabras como Ramadán, ayuno y cuaresma, empezaron a sonar desde mi mente, hasta un punto en que las percibía como un solo sonido, casi un ruido.
Inevitable fue que el cuestionamiento de la antropofagia apareciera con la magia que el intercambio de ideas, aún entre pelotudos, permite.
Se planteaba la posibilidad que todo este “big deal” que se fomenta alrededor de esto de “comer o no comer carne humana”, es o sería en definitiva, la manifestación catartica que provoca la transgresión de un tabú, en una socidead institucionalizada “a la cristiana”. Yo, “para mis adentros”, pensaba “ a mi no me molestaría comer carne humana, a la plancha, al horno, al asador, y preferentemente en platos de madera, mientras no me sirvan un…pito”.
martes, 22 de septiembre de 2009
cuando el cielo...
salgo a caminar por ahi cuando el cielo esta cubierto....
cuando el cielo esta cubierto de cielo...
salgo a pensar en pensar
a pesar de mis pesares
en pensar...
bo-lu-de-ces...
cuando el cielo esta cubierto de cielo...
salgo a pensar en pensar
a pesar de mis pesares
en pensar...
bo-lu-de-ces...
martes, 15 de septiembre de 2009
La gracia de vivir en un Loft
La gracia de vivir en un Loft,
la gracia de vivir en un Loft se ve diluida,
diluida si vivís en Avellaneda,
Avellaneda y sus fétidas aguas que bañan sus veredas,
las veredas de Avellaneda se ven iluminadas con la luna,
la...Luna de Avellaneda,
la gracia de vivir en un Loft,
en Avellaneda, vivir en un Loft,
no tiene gracia.
Gracias.
la gracia de vivir en un Loft se ve diluida,
diluida si vivís en Avellaneda,
Avellaneda y sus fétidas aguas que bañan sus veredas,
las veredas de Avellaneda se ven iluminadas con la luna,
la...Luna de Avellaneda,
la gracia de vivir en un Loft,
en Avellaneda, vivir en un Loft,
no tiene gracia.
Gracias.
martes, 18 de agosto de 2009
y si...
...yo escribo cuentos porque es la mejor forma de escribir memorias de cosas que nunca me pasaron...
jueves, 23 de julio de 2009
Los Rodriguez
Rodriguez es un tipo simple, vende chucherías en el tren, le gusta tomarse un vinito en la estación,"tintito para mí" le dice a Heriberto el gallego del bar que asiente silencioso el pedido de uno de sus mas leales parroquianos. Le gusta leer la página de deportes de Crónica y pensar si el año que viene el equipito de sus amores tendrá una mejor campaña. Cuando era jovén Rodriguez laburaba en una metalurgica de Guernica, donde vivió toda su vida, los noventa fueron terriblemente inclementes para él y para la metalurgica que cerró dejando empleados en la calle y burdeles de barrio sin clientes. Con la tranquilidad del anciano que no es, recuerda esas sus mejores épocas, y trata de sobreponerse con un dejo amargo en la boca que diluye en el agrio tinto que le sirve Heriberto. Cae la tarde y Rodriguez no se detiene a pensar porque tiene que volver a la casita de material a ocho cuadras de la estación, no lo esperán los hijos amorosos que quizo tener, ni la dulzura de Alicia, esa morocha linda que pintaba de rojo carmín su corazón cuando era jovencito. Camina despacio, la pesadez del tinto o el tiempo o el "no tiempo" en el que se mueve Rodriguez que ni reloj usa, lo justifican desde el vamos. Casi no se percata de los pibes que corren atrás de una desvencijada pelota de trapo en la llena de pozos calle de tierra de la cuadra. Uno de los pibes parece errar uno de esos arcos imaginarios pero que valen lo mismo que uno del Monumental o de la Bombonera. Y la pelota va a dar justo a los pies de Rodriguez. "Eh Don...!", le grita el mas pícaro de los pendejos y Rodriguez le respondé con una derecha que le devuelve la alegría a esos chicos pobres. Rodriguez aprovecha para prenderse un pucho, "cancer de bolsillo" como los intelectuales limpios del centro dicen, se acuerda de esto y se sonríe sensiblemente. Abre la puerta, la pava en el fuego amarillo de la cocinita vieja, unos mates que el alma se va a chupar con calma de laburante y a dormir. Mañana será otro día. Mejor, peor o igual, pero otro día tendra para contar Rodriguez, otro tinto, otra pelota, otros mates. El mismo Rodriguez.
lunes, 8 de junio de 2009
Botica
...como salí temprano de la universidad, al viejo que nos enseñaba probabilidad ese día le había pintado disgregar mas de los común, en lugar de concentrarse en las cuestiones de dudosa utilidad que su cátedra implicaban ese día se volcó a un monologo cuyo hilo conductor eran las "políticas sociales" del gobierno de turno...en fin, una situación muy propia del clima imperante en esos días en prácticamente todos los elementos de la vida institucional, pública y privada de ACA…para el caso es lo mismo, la cosa es que a raíz de esto el viejo no termino de explicar y dio por terminada la clase. Lo cierto es que probablemente me hubiera encontrado a almorzar con algún otro rufián, pero como los rufianes se caracterizan por no ser del todo confiables, termine caminando un poco sin rumbo y un poco buscando no se muy bien que. Con la secreta sospecha de que algo pasaría, “algo que cambie…de una manera muy profunda tan profunda como novedosa…”. Me tuve que quedar con las ganas, porque no fue para tanto. Sin embargo, sobre Tacuarí antes de llegar a Rivadavia encontré este lugarcito, muy bien puesto, con especial énfasis en mantener una línea decorativa que sutilmente se matizaba entre el surrealismo y el misticismo. Me empujó sobre la puerta la circunstancia que me hacían falta unos carboncitos para hacer mis cosas. Hacía algún tiempo y de la mano de mi madre había adquirido cierta predilección por sahumar mi hogar con algunas hierbas, me gustaba, me otorgaba cierto aire sacro. El encargado de atender a los clientes era un empleado, notoriamente caracterizado por su acentuada y poco común inclinación sexual, la cual quedaba expuesta en sus “maneras”. Fue sobre este punto en particular, donde mas tarde mis pensamientos se detendrían. Lo cierto es esta apreciación me llevó por una reflexión casi Jungeana, en la que como conclusión general intepreté que aquellos individuos con menos interés en el sexo opuesto suelen ser en mayor o menor medida proclives a interesarse por esas verdades pseudocientificas propias de las artes místicas. Francamente en tren de planteos psicosexuales, hubiera preferido plantearme el hecho de cual era la razón para que los urinarios, tan simbolicamente asociados con la masculinidad, tubieran forma de U-te-ro...
domingo, 31 de mayo de 2009
Contame un cuento papurri...
Este debe ser el noveno intento que hago de escribir y mantener un blog...ya hice algo parecido una vez...pero un poco porque no super guardar digamos cierta congruencia en la tematica que iba a abarcar o porque no supe mantenerme constante con la edición de la bitacora o porque me olvide la password, el usuario, bah todo, el proyecto quedó en lo que quedó...
En fín, esas podrían ser algunas de las razones mas obvias por las que ahora se me ocurrio empezar con este. Donde voy a guardar esos cuentos cortitos que quedan como residuo las veces que me permito divagar y dejar volar mis pensamientos.
En fín, esas podrían ser algunas de las razones mas obvias por las que ahora se me ocurrio empezar con este. Donde voy a guardar esos cuentos cortitos que quedan como residuo las veces que me permito divagar y dejar volar mis pensamientos.
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